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Superliga

San Lorenzo le ganó a Patronato en el inicio de la Copa de la Superliga

El visitante, dirigido por Romagnoli y Tocalli, se impuso en Paraná con goles de Bareiro y dos de Romero.

San Lorenzo venció esta noche al local Patronato de Paraná, por 3 a 1, en uno de los dos partidos con los que comenzó la Copa de la Superliga, resultado que le permite continuar con el pie derecho desde la irrupción del binomio interino en la conducción técnica conformado por Hugo Tocalli y Leandro Romagnoli

Adam Bareiro (34m. PT) y dos apariciones fenomenales del también paraguayo Oscar Romero (38m. y 43m. ST) propiciaron los goles que le dieron los tres puntos al ‘Ciclón’, que continúa invicto frente a Patronato, con tres victorias y tres empates.

Julián Chicco (24m. PT) convirtió para el Rojinegro, que no pudo sumar en su pelea por el descenso y continúa en esa zona con un promedio de 1.078, sólo por encima de Gimnasia y Esgrima La Plata.

El partido, por la Zona A, se jugó con cerca de 30 grados de temperatura y con un estadio Presbítero Bartolomé Grella vacío y con pocos medios de prensa acreditados por prevención ante el coronavirus.

Hasta que encontraron espacios, ambos equipos trataron de jugar a uno o dos toques y con la pelota al pie, pero sin ser precisos ni contundentes en los últimos metros.

A los 24m., Patronato pudo abrir el marcador de pelota parada: un tiro libre en línea recta al arco que Chicco cambió por gol con un exquisito disparo al ángulo derecho.

El Cuervo respondió diez minutos más tarde y empató el partido: un buen pase entre líneas desde la mitad de cancha de Óscar Romero dejó mano a mano a Bareiro, quien -sin tocar la pelota- pasó al arquero y definió con la meta vacía.

En el segundo tiempo, la paridad en el marcador se trasladó al campo. Se entregaron la pelota constantemente y más por errores propios que por virtudes rivales no llegaron a romper el empate, aunque el elenco local tuvo un par de intentos más.

Nicolás Delgadillo ingresó en el conjunto entrerriano y aumentó la intensidad en el ataque del local, que pudo haber convertido pero encontró a un seguro Torrico y no lograban sacar ventaja.

Tras recibir un pelotazo por el sector izquerdo, Adolfo Gaich peleó como un extremo, fue hasta el fondo y tiró un centro por lo bajo que Óscar Romero paró y definió fuerte para inclinar el marcador para el visitante, a los 38 minutos

Nuevamente el paraguayo extendió la ventaja a los 43m. cuando -desde atrás de la mitad de cancha- recuperó la pelota y vio adelantado a Ibañez.

El mediocampista se animó a disparar desde ahí y decretó la victoria del equipo de Boedo, a pesar del tiempo adicional que no cambió el resultado.

De continuar la Copa de la Superliga, el sábado 21 desde las 21:15 está previsto que San Lorenzo reciba a Gimnasia de La Plata, mientras que Patronato viajaría a Rosario para enfrentar el domingo 22 desde las 15:30 a Newells.

Síntesis

Patronato: Matías Ibáñez; Christian Chimino, Leandro Marín, Oliver Benítez y Mathias Abero; Santiago Rosales, Damián Lemos y Julián Chicco; Lautaro Comas; Hugo Silveira y Cristian Tarragona. DT: Gustavo Álvarez.

San Lorenzo: Sebastián Torrico; Gino Peruzzi, Fabricio Coloccini, Gonzalo Rodríguez y Bruno Pittón; Oscar Romero, Gerónimo Poblete, Diego Rodríguez y Juan Ramírez; Ángel Romero y Adam Bareiro. DT: Hugo Tocalli, Leandro Romagnoli y Alberto Acosta.

Goles en el primer tiempo: 24m. Julián Chicco (P); 34m. Adam Bareiro (SL)

Goles en el segundo tiempo: 38 y 43m. Óscar Romero (SL)

Cambios en el segundo tiempo: 18m. Nicolás Delgadillo por Chiccó (P) y Adolfo Gaich por Bareiro (SL); 29m. Ignacio Piatti por Ramírez (SL); 33m. Gabriel Díaz por Rosales (P); 34m. Lucas Menossi por Poblete (SL); 40m. Gabriel Compagnucci por Marín (P).

Amonestados: Pittón, Gaich (SL); Chimino (P).

Árbitro: Pablo Echavarría.

Cancha: Presbítero Grella (Paraná).

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Superliga

Murió Amadeo Carrizo, gloria de River, a los 93 años

El ex arquero falleció este viernes a los 93 años.

Amadeo Carrizo, fallecido hoy a los 93 años, permanecerá en la memoria colectiva como un futbolista de elite, al que bastaba con mencionar su nombre de pila para referenciarlo y que fundó en el país una nueva escuela de arqueros.

Carrizo fue simplemente Amadeo por la grandeza que construyó en 25 años de trayectoria, de los cuales pasó 23 en River Plate. Se trató del primer arquero moderno en el fútbol argentino, creador de un estilo inédito hasta ese momento.

Nació en Rufino, Santa Fe, la misma ciudad que dio a luz al extraordinario Bernabé Ferreyra, el “Mortero”. Sus primeros pasos en el fútbol, en su ciudad natal, los dio como centrodelantero y le sirvieron para adquirir una destreza que luego pondría de manifiesto en su perfil de guardameta.

En 1945, con 19 años, hizo su debut en River y desde entonces forjó una admirable carrera que le valió el tardío pero merecido título de presidente honorario del club a fines de 2013 con la llegada de Rodolfo D’Onofrio a la presidencia.

Defendió el arco en Núñez hasta 1968, jugó 521 partidos en el club y ganó ocho títulos locales (1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957). Tuvo como compañeros a grandes próceres “millonarios”: José Manuel “El Charro” Moreno, Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna, Juan Carlos Muñoz, Félix Loustau, Walter Gómez, Enrique Omar Sívori, Néstor “Pipo” Rossi y Ermindo Onega, por citar algunos.

Se convirtió en el futbolista con más partidos jugados en la historia de River, por encima de Labruna (514), Reinaldo Merlo (500), Juan José López (424), Norberto Yácono (393), Oscar “Pinino” Mas (382), Norberto “Beto” Alonso (374), Loustau (367) y Ubaldo Fillol (361).

Y en el transcurso de ese largo camino refundó el concepto de arquero en el fútbol argentino. Hasta entonces, los guardametas eran simplemente atajadores, futbolistas limitados a esa tarea debajo de los tres palos, pero Amadeo se trató de un arquero integral, espejo para generaciones posteriores.

Además de su sobriedad en el arco, Carrizo impresionó con el dominio de toda el área, con su capacidad para salir y achicar el ángulo de tiro de los delanteros rivales, con su voz de mando para ordenar la defensa y con su habilidad con los pies –aquella que adquirió como número 9 en su época juvenil- para originar contraataques.

Protagonizó recordados duelos con goleadores de la época: José “Pepino” Borello y el brasileño Paulo Valentim de Boca, José Sanfilippo de San Lorenzo; Ernesto Grillo de Independiente o Humberto Maschio de Racing.

La plasticidad y la postura activa que mostraba para el puesto le granjeó el apodo de “Tarzán” en sus primeros años en el fútbol, pero tiempo después la inmensidad de su figura fue encerrada en la mención de su nombre de pila como marca registrada: Amadeo.

Por entonces, se lo señalaba como uno de los mejores arqueros de la época junto al ruso Lev Yashin, a quien enfrentó con 42 siendo jugador de Alianza Lima de Perú en un partido con Dínamo de Moscú.

El suceso de su carrera en River no fue el mismo con el seleccionado argentino y eso fue un aspecto nunca perdonado por sus detractores. Amadeo quedó marcado por lo que se conoció como el “Desastre de Suecia”, aquella eliminación del Mundial 1958 consumada con una dura goleada a manos de Checoslovaquia (6-1).

Seis años después tuvo su revancha y ganó su único título con el combinado “albiceleste”: la Copa de las Naciones en Brasil. En ella, Argentina venció al seleccionado local que contaba con Pelé y Carrizo le atajó un penal a Gerson en un recordado partido que se jugó en el Pacaembú de San Pablo. También se impuso sobre Portugal e Inglaterra y se adjudicó el torneo sin recibir goles en contra. Amadeo le puso fin a su carrera a los 44 años en Millonarios de Colombia, donde jugó 53 partidos ya como una gloria del fútbol sudamericano al que se recordará como lo describió por entonces la revista “El Gráfico”: El Maestro sin época.

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