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Superliga

Arsenal rescató un empate sobre el final en Santa Fe ante Unión

El Tatengue, sin Madelón, y el conjunto del Viaducto igualaron 1-1 por la primera fecha de la Zona 1.

Arsenal de Sarandí rescató hoy un punto, en los últimos minutos, con el empate 1 a 1 ante Unión de Santa Fe por la primera fecha de la zona 1 de la Copa de la Superliga.

El delantero Walter Bou marcó para Unión, mientras que Ezequiel Rescaldani convirtió para Arsenal en el partido disputado en el estadio 15 de abril de Santa Fe, a puertas cerradas, como prevención ante la expansión del coronavirus.

El resultado fue justo porque en un encuentro discreto, ambos dispusieron de pocas situaciones. Bottinelli despejó sobre la línea un remate de Parisi (PT 9m) y Moyano se lució ante Torrent y Nicolás Giménez en el segundo tiempo.

El gol de Bou, con un remate fuerte de media distancia luego del pase de Milo, retrasó a Unión en el campo. Arsenal buscó el empate, sin claridad y en base de centros. Con esta última vía, el ingresado Rescaldani aprovechó el pase de Papa y selló la igualdad.

El ex Vélez marcó dos tantos para Unión: en la primera fecha de la Superliga y en el inicio de la Copa de la Superliga.

En caso de continuidad de la copa, Unión enfrentará a Vélez como visitante en la próxima fecha y Arsenal recibirá a Godoy Cruz de Mendoza.

Síntesis

Unión: Sebastián Moyano; Brian Blasi, Franco Calderón, Jonathan Bottinelli y Federico Milo; Javier Cabrera, Jalil Elías, Sebastián Assis y Gabriel Carabajal; Franco Troyansky y Walter Bou. DT: Marcelo Mosset

Arsenal: Daniel Sappa; Fernando Torrent, Mateo Carabajal, Franco Sbuttoni y Emiliano Papa; Emiliano Méndez, Jesús Soraire y Gastón Álvarez Suárez; Nicolás Giménez; Juan Manuel García y Lautaro Parisi. DT: Sergio Rondina.

Goles en el segundo tiempo: 18m. Bou (U) y 45+2m. Rescaldaini (A).

Cambios en el segundo tiempo: 12m. Juan Cruz Kaprof por Parisi (A); 24m. Ezequiel Rescaldani por García (A); 31m. Martín Cañete por Troyansky (U); 33m. Joel Soñora por Soraire (A); 35m. Javier Méndez por Assis (U); 43m. Juan Nardoni por Bou (U).

Amonestado: Kaprof (A)

Árbitro: Néstor Pitana.

Estadio: 15 de abril (Unión).

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Superliga

Murió Amadeo Carrizo, gloria de River, a los 93 años

El ex arquero falleció este viernes a los 93 años.

Amadeo Carrizo, fallecido hoy a los 93 años, permanecerá en la memoria colectiva como un futbolista de elite, al que bastaba con mencionar su nombre de pila para referenciarlo y que fundó en el país una nueva escuela de arqueros.

Carrizo fue simplemente Amadeo por la grandeza que construyó en 25 años de trayectoria, de los cuales pasó 23 en River Plate. Se trató del primer arquero moderno en el fútbol argentino, creador de un estilo inédito hasta ese momento.

Nació en Rufino, Santa Fe, la misma ciudad que dio a luz al extraordinario Bernabé Ferreyra, el “Mortero”. Sus primeros pasos en el fútbol, en su ciudad natal, los dio como centrodelantero y le sirvieron para adquirir una destreza que luego pondría de manifiesto en su perfil de guardameta.

En 1945, con 19 años, hizo su debut en River y desde entonces forjó una admirable carrera que le valió el tardío pero merecido título de presidente honorario del club a fines de 2013 con la llegada de Rodolfo D’Onofrio a la presidencia.

Defendió el arco en Núñez hasta 1968, jugó 521 partidos en el club y ganó ocho títulos locales (1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957). Tuvo como compañeros a grandes próceres “millonarios”: José Manuel “El Charro” Moreno, Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna, Juan Carlos Muñoz, Félix Loustau, Walter Gómez, Enrique Omar Sívori, Néstor “Pipo” Rossi y Ermindo Onega, por citar algunos.

Se convirtió en el futbolista con más partidos jugados en la historia de River, por encima de Labruna (514), Reinaldo Merlo (500), Juan José López (424), Norberto Yácono (393), Oscar “Pinino” Mas (382), Norberto “Beto” Alonso (374), Loustau (367) y Ubaldo Fillol (361).

Y en el transcurso de ese largo camino refundó el concepto de arquero en el fútbol argentino. Hasta entonces, los guardametas eran simplemente atajadores, futbolistas limitados a esa tarea debajo de los tres palos, pero Amadeo se trató de un arquero integral, espejo para generaciones posteriores.

Además de su sobriedad en el arco, Carrizo impresionó con el dominio de toda el área, con su capacidad para salir y achicar el ángulo de tiro de los delanteros rivales, con su voz de mando para ordenar la defensa y con su habilidad con los pies –aquella que adquirió como número 9 en su época juvenil- para originar contraataques.

Protagonizó recordados duelos con goleadores de la época: José “Pepino” Borello y el brasileño Paulo Valentim de Boca, José Sanfilippo de San Lorenzo; Ernesto Grillo de Independiente o Humberto Maschio de Racing.

La plasticidad y la postura activa que mostraba para el puesto le granjeó el apodo de “Tarzán” en sus primeros años en el fútbol, pero tiempo después la inmensidad de su figura fue encerrada en la mención de su nombre de pila como marca registrada: Amadeo.

Por entonces, se lo señalaba como uno de los mejores arqueros de la época junto al ruso Lev Yashin, a quien enfrentó con 42 siendo jugador de Alianza Lima de Perú en un partido con Dínamo de Moscú.

El suceso de su carrera en River no fue el mismo con el seleccionado argentino y eso fue un aspecto nunca perdonado por sus detractores. Amadeo quedó marcado por lo que se conoció como el “Desastre de Suecia”, aquella eliminación del Mundial 1958 consumada con una dura goleada a manos de Checoslovaquia (6-1).

Seis años después tuvo su revancha y ganó su único título con el combinado “albiceleste”: la Copa de las Naciones en Brasil. En ella, Argentina venció al seleccionado local que contaba con Pelé y Carrizo le atajó un penal a Gerson en un recordado partido que se jugó en el Pacaembú de San Pablo. También se impuso sobre Portugal e Inglaterra y se adjudicó el torneo sin recibir goles en contra. Amadeo le puso fin a su carrera a los 44 años en Millonarios de Colombia, donde jugó 53 partidos ya como una gloria del fútbol sudamericano al que se recordará como lo describió por entonces la revista “El Gráfico”: El Maestro sin época.

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